La
verdura poco cocida es más sabrosa y aporta mayor cantidad
de vitaminas a nuestro cuerpo. En la medida de lo posible, se
debe comer cruda o cocida en agua hirviendo durante pocos minutos.
Se puede servir de muchas maneras diferentes: salteada con aceite
de oliva, en revueltos, gratinada, acompañada de salsas...